Belleza · Identidad · Libertad

La mujer no se apaga.
Se enciende.

Sobre la sensualidad que no caduca, el deseo que nos pertenece
y la mirada que más importa: la propia.


El deseo no envejece. Madura.

La sensualidad no es un atributo de la juventud. Es una forma de habitarse, de moverse por el mundo, de estar presente en el propio cuerpo. Y eso —eso— se aprende con los años, no se pierde con ellos. A los 50 sabemos lo que nos gusta. A los 60 sabemos lo que no toleramos. A cualquier edad, tenemos derecho a desear y a desearnos.

«La sensualidad que se construye desde adentro no la borra el tiempo. La afina.»

Hablar de libertad sobre nuestros deseos no es solo un gesto político, aunque también lo sea. Es un acto profundamente íntimo: reconocer que nuestro cuerpo nos pertenece, en todas sus etapas, con todas sus marcas, con toda su historia. No hay versión de nosotras que sea más válida que otra.

Madonna y el escándalo de existir.

Cuando Madonna se muestra sexy a los 60, el mundo se escandaliza. Los titulares se indignan, las redes la destrozan, los comentarios llueven. Y sin embargo, ella siempre lo fue. Siempre fue eso: una mujer que habita su sexualidad sin pedir permiso. Lo que cambió no es ella. Lo que cambió es que el mundo esperaba que a esta altura ya se hubiera rendido.

El problema no es Madonna. El problema es que seguimos creyendo que las mujeres deben ser sensuales solo mientras resultan convenientes. Solo mientras el deseo ajeno las valida. Y eso, querida, es una trampa.


Seducirte a vos misma. Primero.

La sensualidad más poderosa no es la que se muestra para que otros miren. Es la que se construye para una misma. La que aparece cuando te ponés lo que te gusta —aunque no haya nadie— cuando te mirás al espejo y te encontrás, cuando elegís cómo moverte, cómo vestirte, cómo presentarte ante el mundo desde lo que sos y no desde lo que esperan que seas.

«La mirada ajena es solo eso: algo ajeno. Lo que mirás cuando te mirás vos, eso sí es tuyo.»

No necesitás validación externa para ser deseable. No necesitás que nadie te lo confirme. Y si alguien cuestiona tu forma de existir sensualmente en el mundo, eso habla de sus propios límites, no de los tuyos.

Quiero agradecer profundamente a Elena Bertaccini por posar frente a mi cámara y desnudar su alma.


Para vos , que llegaste hasta acá leyéndome , esta es una invitación especial

Retratate hoy.
Exactamente como sos.

No en diez kilos menos. No cuando te animes. No cuando pase algo. Hoy. Porque la belleza no es una meta ni una condición. Es una actitud, y vos ya la tenés. Vení a que te retrate: con tus años, tus marcas, tu historia. Con todo lo que sos ahora.

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